Toma una Emina en las bodegas Matarromera

Hoy os traigo un plan para el fin de semana, para los que os gusta el vino como yo o para los que simplemente os gusta pasear, aprender algo de enología y disfrutar de una buena comida.

Las bodegas Emina, del grupo Matarromera, me sorprendieron gratamente por sus instalaciones, por el servicio y sobre todo por la esmerada guía y el nivel de conocimiento que transmiten en su visita guiada. El grupo Matarromera es de los pocos que tiene bodegas en casi todas las denominaciones de origen de España.

El nombre Emina viene de la palabra Hemina, que corresponde a la medida antigua para líquidos equivalentes a medio sextario, es decir, más o menos a 0,27 L.

 

Empecemos por el principio, las bodegas están ubicadas junto al río Duero, en Valbuena del Duero, a 2 horas de Madrid. Tienen varias visitas guiadas y también un curso de Cata. La visita guiada empieza a las 11 (también tienen una a las 12h) y es de hora y media pero se extendió a dos horas y media con la cata. El curso de cata acaba es de una hora después de la visita guiada.

La visita comienza en los viñedos que tienen en la zona exterior de las bodegas, realmente es un jardín con diversos tipos de uvas y que sirven a la hacienda para ir haciendo seguimiento del crecimiento de las cepas. Además están cercados por rosales, que permiten alertar sobre cualquier plaga o enfermedad, ya que se manifiesta antes en este tipo de plantas.

Las 250 hectáreas de las bodegas están sembradas en su mayoría por la variedad de uva Tempranillo, y este tipo de uva junto con el suelo y el clima de la zona, marcan el carácter del vino que producen. Un vino de excelente calidad gracias al cuidado que se hace de la vid y a la importancia que dan a la calidad de la uva, en detrimento de la cantidad.

Ahora mismo no se pueden apreciar las cepas bien porque están en reposo invernal, así que merece la pena visitarlas al inicio del verano.

Me llamó la atención de estas bodegas, la importancia que le dan a la sostenibilidad, cuentan con paneles solares, con una caldera de biomasa donde trituran los restos de la poda para quemarlos y producir su propia energía, con el orujo que sobra generan aguardiente y polifenoles para usarlos en la elaboración de productos cosméticos. Aprovechan el ciclo de la uva de principio a fin.

Luego entramos ya en las bodegas y mientras pasamos hacia donde se encuentra el área de fermentación, podemos de disfrutar de los pasillos con distinta información sobre la historia del vino, un museo.

 

Ya en esta área vemos todos los tanques de fermentación y nos cuentan el proceso que intento resumirlo brevemente. Los tanques se llenan en un 70% de uvas, el mosto se queda abajo y es de color blanco, y la piel de la uva en la parte de arriba. Luego se hace un remontado que mezcla y permite que el mosto coja el color tinto de piel de la uva. La fermentación dura 9 días y la temperatura perfecta suele ser 31ºC, por lo que los tanques tienen unas ‘camisas’ por donde circula agua a 4ºC para mantener la temperatura ideal para la fermentación. En el proceso se va midiendo la densidad, el mosto tiene más densidad que el agua porque tiene más azúcares, a medida que la azúcar se va convirtiendo en alcohol, la densidad baja.

Mientras seguimos andando por los pasillos de las bodegas nos cuentan sobre las distintas botellas y corchos que usan, siempre botellas oscuras para evitar que la luz pueda incidir y modificar los sabores del vino.

Luego pasamos a la bodega donde se almacena el vino en barricas de roble americano y roble francés. Recordemos que el roble francés deja un sabor más suave en el vino pero su precio es más elevado. En las bodegas Emina empiezan a usar combinación de ambos robles en las barricas.

La bodega alberga 5000 barricas y cada una de 225 litros. La temperatura la tienen que mantener con enfriadores ya que no pudieron construir unas bodegas subterráneas en vista de que la ubicación de las bodegas está en una capa hídrica a nivel del río.

El tiempo de permanencia en barricas y botella para cada vino está por encima de lo que exige el consejo regulador. Un año y medio en barricas y 1 año en botella para Crianza, 1 año y medio en barricas y 2 años en botella para el Reserva y 2 años y medio en barrica y 3 años en botella para el Gran Reserva.

Posteriormente pasamos a la tienda, donde realizamos la cata de tres vinos, Emina Verdejo 2016, Emina Pasión 2015 y Emina Crianza 2013.

En la tienda puedes aprovechar para comprar cualquier vino del grupo Matarromera, aceite de oliva y cosméticos hechos a base de uvas.

Luego para comer, podéis ir al restaurante La Espadaña que está al lado (mejor reservar unos días antes porque los fines de semana está lleno) y podéis tomar Lechazo (bajo petición) que es la especialidad de la zona. Se come muy bien en este sitio y los precios son similares a todos los restaurantes de la zona. Además, la orientación del restaurante lo hace muy luminoso y con vistas al viñedo de las bodegas.

Si por la tarde queréis hacer un paseo adicional, podéis ir al Monasterio de Santa María de Valbuena que está al lado de las bodegas, e incluso dispone de un hotel termal con 79 habitaciones. Este monasterio cisterciense fundado en el siglo XII, durante siglos sirvió de emplazamiento monacal que el císter hizo suyo hasta la temible desamortización de Mendizábal, acogió a numerosos monjes, los mismos que iniciaron sin saberlo el mito del vino en la Ribera del Duero.

Y así finaliza nuestro día vinícola por la localidad vallisoletana de Valbuena de Duero, enclavada dentro del llamado “triángulo de oro del vino”, agradeciendo poder disfrutar del placer de estos momentos en familia.

Y recuerda, siempre el consumo de alcohol de forma responsable 😉

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